Estados Unidos y fuerzas aliadas lanzaron una nueva serie de ataques “a gran escala” contra posiciones del Estado Islámico (EI) en Siria, como parte de la operación Hawkeye, en respuesta directa al ataque del 13 de diciembre en Palmira que dejó tres estadounidenses muertos, incluidos dos soldados y un intérprete civil, informó el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM).

De acuerdo con Washington, los bombardeos se desplegaron de forma simultánea en distintos puntos del territorio sirio, con el objetivo de debilitar capacidades operativas, logísticas y de mando del EI, que mantiene presencia activa en zonas desérticas del país pese a su derrota territorial formal en 2019. En una fase previa de la misma operación, Estados Unidos y Jordania atacaron cerca de 70 objetivos yihadistas el mes pasado.

El ataque en Palmira fue el primer incidente letal contra personal estadounidense desde la caída del régimen de Bashar al Asad en diciembre de 2024, lo que añade un nuevo factor de inestabilidad a un entorno ya marcado por la reconfiguración política y militar en Siria.

Desde una perspectiva económica, la escalada mantiene elevados los riesgos geopolíticos en Medio Oriente, región clave para los mercados energéticos globales y las cadenas logísticas internacionales. Analistas advierten que un deterioro prolongado del entorno de seguridad podría impactar costos de seguros, primas de riesgo país y precios del crudo, en un momento de alta sensibilidad para los mercados internacionales.

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