El crecimiento del cáncer a nivel global y nacional se consolida como uno de los principales desafíos estructurales para los sistemas de salud, no solo por su impacto sanitario, sino por sus implicaciones económicas y de política pública. De acuerdo con el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, en 2022 se registraron cerca de 20 millones de nuevos casos en el mundo, cifra que podría incrementarse hasta en 77% hacia 2050, presionando el gasto público y la capacidad hospitalaria.
En México, el cáncer ya es la tercera causa de muerte, con alrededor de 90 mil fallecimientos anuales y 195 mil nuevos casos, lo que evidencia la magnitud del reto. Sin embargo, el país ha enfrentado una limitante clave: la falta de información consolidada. Aunque el Registro Nacional de Cáncer fue establecido por ley desde 2017, su implementación ha sido gradual, manteniendo durante años una fragmentación en los datos.
Durante el conversatorio “Registro de Cáncer en México”, Mayra Galindo Leal, directora general de la Asociación Mexicana de Lucha Contra el Cáncer, señaló que el desafío actual es consolidar este instrumento para que la información se traduzca en mejores decisiones y resultados en salud.
Los primeros avances comienzan a delinear el alcance del proyecto. El registro opera mediante 10 nodos regionales, que actualmente cubren a aproximadamente 14.5 millones de mexicanos, y hasta 2025 ha permitido analizar 43 mil 673 casos. Esta base inicial ya permite identificar patrones epidemiológicos relevantes y comenzar a dimensionar la carga real de la enfermedad.
Entre los hallazgos destaca una mayor incidencia en mujeres respecto a hombres. En la distribución por tipo de tumor, el cáncer de mama ocupa el primer lugar con 25% de los casos, seguido por los cánceres de órganos digestivos con 19%. En mujeres, predominan el cáncer de mama y el cervicouterino; mientras que en hombres los más frecuentes son próstata, colorrectal y pulmón.
En población infantil, el registro también arroja datos críticos: de 1,113 casos analizados, las leucemias representan el 34%, lo que confirma la necesidad de fortalecer la detección temprana en este segmento.
Desde una perspectiva económica, la relevancia del registro es directa. La falta de datos ha limitado históricamente la capacidad del sistema de salud para asignar recursos de manera eficiente, diseñar estrategias regionales y anticipar costos asociados al tratamiento de la enfermedad.
Por su parte, Margarita Zapata Torres, investigadora de la Secretaría de Salud, destacó que los registros de cáncer son herramientas de gobernanza que permiten identificar prioridades, reducir brechas y coordinar acciones entre instituciones, en un contexto donde la toma de decisiones requiere información compartida y precisa.
El registro integra información de hospitales, laboratorios, certificados de defunción y servicios públicos y privados, lo que permitirá superar la fragmentación histórica del sistema. Sin embargo, especialistas coinciden en que el reto no es solo consolidarlo, sino garantizar su uso efectivo en la formulación de políticas públicas.
En un entorno donde la carga del cáncer seguirá en aumento, México enfrenta un punto de inflexión: pasar de decisiones basadas en estimaciones a un modelo sustentado en evidencia. El Registro Nacional de Cáncer representa ese cambio estructural, con el potencial de transformar datos en políticas y políticas en resultados medibles para la población.

