La arquitectura de la salud global (el sistema que define cómo se toman decisiones, se financian políticas y se distribuyen recursos sanitarios a nivel internacional) enfrenta una crisis de gobernanza que ya no es solo técnica, sino económica y política.
América Latina y el Caribe, una región que representa cerca del 8% de la población mundial, continúa con una participación limitada en los espacios donde se asignan prioridades, flujos de financiamiento y liderazgo en investigación, a pesar de concentrar algunas de las brechas sanitarias más profundas.
En este escenario, la nominación de la Dra. Paola Abril Campos, académica del Tec de Monterrey, como una de las cinco comisionadas globales del Wellcome Trust en junio de 2025 marca un punto de inflexión. Se trata de la única representante de América Latina y el Caribe en una iniciativa que busca rediseñar la arquitectura de la salud global, tradicionalmente dominada por países donantes y organismos multilaterales del norte global.
El documento base elaborado por la especialista —“Volver a equilibrar la balanza: una nueva arquitectura para la justicia sanitaria global”— plantea un cambio estructural: pasar de un modelo de cooperación dependiente de donaciones a uno de liderazgo regional, corresponsabilidad financiera y gobernanza participativa. Entre sus propuestas destacan el fortalecimiento estratégico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la creación del Centro Regional de Salud Pública para América Latina y el Caribe (CRESALC) y un Fondo Regional de Justicia Sanitaria, diseñado para canalizar recursos con criterios de equidad y transparencia.
En una segunda fase, el Tec de Monterrey encabezó un consorcio académico regional con instituciones de Chile, Argentina y Jamaica, que entrevistó a más de 75 actores clave de los 33 países de la región. Este ejercicio permitió identificar cuellos de botella en financiamiento, coordinación y toma de decisiones, factores que impactan directamente la productividad, la estabilidad social y el crecimiento económico.
Las cinco propuestas estratégicas resultantes serán presentadas en foros internacionales en 2026, en un intento por reposicionar a América Latina no solo como receptor de ayuda, sino como actor con capacidad de diseño, ejecución y liderazgo en la salud global.
