La expansión de los vehículos eléctricos en México dependerá cada vez más de la capacidad del país para desarrollar infraestructura de carga suficiente, segura y accesible. El crecimiento de este mercado no sólo abre espacio para fabricantes de automóviles, sino también para empresas de energía, desarrolladores inmobiliarios, estacionamientos, centros comerciales, flotillas y operadores de movilidad.
Durante el ciclo “El ecosistema de la electromovilidad: una guía para periodistas”, organizado por la Electro Movilidad Asociación (EMA), en colaboración con VEMO y otras empresas, Constantino Rodríguez, Head Commercial de VEMO, explicó que uno de los principales retos para acelerar la adopción de vehículos eléctricos es contar con soluciones de carga adecuadas para cada tipo de usuario y ubicación.
Rodríguez detalló que la carga Nivel 1, conectada a 110 volts, permite recuperar entre 5 y 10 kilómetros de autonomía por hora, por lo que se adapta principalmente a hogares con bajo uso del vehículo eléctrico y donde existen periodos prolongados para mantenerlo conectado.
El Nivel 2, que opera a 220 volts y generalmente entre 7 y 10 kW, permite recuperar entre 30 y 50 kilómetros de autonomía por hora. Este esquema tiene potencial para crecer en residencias, edificios multifamiliares, oficinas, comercios y estacionamientos, donde los automóviles permanecen varias horas.
En contraste, la carga rápida o Nivel 3 utiliza corriente directa (DC), normalmente con conexiones de mayor potencia, y puede llevar la batería de un vehículo hasta 80% en menos de una hora. Su despliegue resulta especialmente relevante para corredores carreteros, estaciones públicas y puntos de alto flujo vehicular.
Durante la misma capacitación, Eugenio Grandio, presidente de la EMA, ejemplificó la diferencia entre ambas tecnologías. Una batería promedio de 50 kWh puede tardar aproximadamente 7 horas en cargarse mediante un equipo AC de 7 kW, mientras que con un cargador DC de 250 kW el proceso puede reducirse a cerca de 20 minutos.

La diferencia representa una reducción cercana al 95% en el tiempo de recarga, aunque la carga rápida también exige mayor potencia, inversión, infraestructura eléctrica y, en algunos casos, permisos adicionales.
Para México, el reto será identificar qué tecnología resulta técnica y económicamente viable en cada ubicación. La capacidad para desplegar cargadores donde realmente exista demanda será clave para transformar el crecimiento de la electromovilidad en un mercado rentable y escalable.
