Mario Cartaya regresó a Cuba 56 años después de haber abandonado la isla durante su infancia, un viaje que le permitió recuperar recuerdos que consideraba perdidos y replantear su identidad entre dos países y dos culturas.

En entrevista con Novus News MX, el arquitecto y escritor explicó que salió de Cuba en 1960, cuando tenía nueve años, después de que su familia decidiera emigrar a Estados Unidos en medio del proceso político que siguió a la Revolución Cubana.

De acuerdo con su testimonio, su padre trabajaba como contador para empresas estadounidenses y enfrentó presiones relacionadas con documentación sobre propiedades de sus clientes. Cartaya relató que esa situación aceleró la salida de su familia de la isla y marcó el inicio de una vida atravesada por el exilio.

El escritor señaló que aquella ruptura tuvo un impacto que sólo logró dimensionar décadas después. Aseguró que buena parte de sus recuerdos de infancia permaneció fuera de su memoria consciente durante años y que, pese a desarrollar una carrera de 43 años como arquitecto, mantenía una sensación de vacío ligada a Cuba.

Ese sentimiento lo llevó a regresar más de medio siglo después. Durante su estancia visitó las casas donde había vivido, su antigua escuela y el parque donde jugaba cuando era niño. Según relató, esos espacios detonaron recuerdos que no había recuperado durante décadas y que reaparecieron con gran claridad.

Cartaya indicó que el viaje también modificó la manera en que entendía su identidad. Llegó a Cuba considerándose cubanoamericano, pero regresó a Estados Unidos reconociéndose como cubano y estadounidense al mismo tiempo, sin percibir ambas identidades como incompatibles.

Parte de ese proceso estuvo relacionado con la pérdida familiar. Durante años, recordó, la comunicación con los familiares que permanecieron en Cuba fue limitada y muchas noticias sobre fallecimientos llegaban mediante telegramas breves. Abuelos, tíos y otros integrantes de su familia murieron sin que pudiera despedirse de ellos.

Durante su regreso a la isla, Cartaya visitó las tumbas de algunos de esos familiares y reconoció entonces un duelo que, según explicó, había permanecido contenido desde la infancia. La experiencia terminó convirtiéndose en uno de los principales ejes de su reflexión sobre la memoria.

El escritor utiliza el concepto de “la bóveda” para referirse al espacio simbólico donde, desde su perspectiva, quedaron resguardados esos recuerdos hasta que estuvo preparado para enfrentarlos. El retorno a Cuba funcionó, en ese sentido, como un detonante para recuperar episodios asociados con su niñez y con la ruptura provocada por el exilio.

Cartaya también destacó la permanencia de varios escenarios de su infancia. Su antigua casa, la iglesia, la escuela y el parque seguían formando parte del paisaje, aunque las personas y las condiciones sociales fueran distintas. Esa continuidad física facilitó, dijo, el reconocimiento de espacios vinculados con su vida anterior a la emigración.

Tras establecerse en Estados Unidos, Cartaya continuó con su interés por la arquitectura. Relató que desde adolescente comenzó a dibujar casas y posteriormente estudió arquitectura en la Universidad de Florida. Atribuyó parte de su desarrollo profesional a la disciplina y al esfuerzo que, como inmigrante, consideraba necesarios para abrirse espacio en un entorno cultural distinto.

Con el paso de los años, su interés por Cuba dejó de concentrarse únicamente en la experiencia personal. Después de retirarse de la arquitectura, señaló que dedicó alrededor de un año a revisar documentos sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos anteriores a la Revolución, incluidos materiales legislativos y correspondencia histórica.

Cartaya sostiene que esa investigación responde a su interés por revisar la relación entre ambos países más allá de las interpretaciones políticas enfrentadas. De esta manera, su trayectoria personal, marcada por la migración y el regreso, se conecta con una búsqueda más amplia sobre la historia compartida entre Cuba y Estados Unidos.

El reencuentro con la isla, más de cinco décadas después de su salida, terminó por convertirse para Cartaya en una revisión de la infancia, la identidad y la memoria, tres elementos que continúan atravesando su trabajo como autor y su manera de entender el exilio.

Por Angélica Delgado Parra

Periodista especializada en economía, negocios y finanzas. Es fundadora y directora de Novus News MX. Ha colaborado en la Cámara de Diputados y en diversos medios de comunicación, como Periódico Capital de México, Revista Cambio, Rumbo de México, Negocios 360, El Constituyente, así como en las agencias Prowell Media y NotiPress.

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