El auge de la energía solar comienza a abrir un nuevo mercado en México: qué hacer con los miles de paneles fotovoltaicos que perderán eficiencia o llegarán al final de su vida útil durante los próximos años.
Jalisco, el estado con mayor número de contratos de generación distribuida en México, comienza a prepararse para enfrentar la siguiente etapa del boom fotovoltaico: el reciclaje de paneles solares.
Actualmente, la entidad supera los 100,000 contratos de generación distribuida, equivalentes a alrededor de 17% del total nacional, y cuenta con más de 1.65 millones de paneles instalados.
Ante este volumen, Rafiqui, la Secretaría de Desarrollo Energético Sustentable de Jalisco (SEDES) y la Asociación Mexicana de la Industria Fotovoltaica (AMIF) iniciarán una campaña de acopio de equipos en desuso dirigida a empresas, instaladores, desarrolladores y propietarios de sistemas solares.
El proyecto cobra relevancia por la cantidad de residuos que podría generar el crecimiento fotovoltaico. Proyecciones de SEDES estiman que para 2030 habrá entre 30,000 y 50,000 paneles en desuso; hacia 2040 serían más de 500,000 y para 2045 podrían superar 1.5 millones.
Rafiqui prevé instalar en Ciudad Guzmán una planta con capacidad para procesar hasta 2,500 toneladas de paneles al año, equivalentes a aproximadamente 200,000 metros cuadrados de superficie fotovoltaica.
La organización estima que más del 80% de los materiales recuperados podrán reincorporarse a otras cadenas productivas, con un impacto potencial de entre 2,000 y 3,000 toneladas de CO₂ equivalente evitadas anualmente.
Vidrio, aluminio, cobre, plata y silicio forman parte de los materiales que pueden recuperarse de estos equipos. La iniciativa también contempla reutilizar paneles que todavía funcionen para llevar electricidad limpia a comunidades vulnerables.
El proyecto llega además en un momento en que México estrena su Ley General de Economía Circular, vigente desde enero de 2026, que busca ampliar la vida útil de productos y aumentar la recuperación y valorización de residuos.
Para Rafiqui, integrada por más de 17 empresas del sector, el reto ya no será únicamente instalar energía solar, sino crear una industria capaz de administrar sus residuos cuando esa infraestructura envejezca.
