Entre el aroma de las rosas recién cortadas y el ir y venir de manos expertas, el sector florícola mexicano revela su dimensión económica más allá del gesto simbólico.
En una experiencia organizada por el Consejo de la Comunicación en el marco del Día de las Madres y del Festival de Flores y Jardines (FYJA), se pudo observar de cerca la cadena de valor que hay detrás de uno de los productos más representativos para consentir a la reina del hogar, una fecha que concentra entre 20% y 30% de las ventas anuales de la industria.
Desde los invernaderos tecnificados, donde cada flor es cultivada bajo condiciones controladas, hasta su llegada a florerías y puntos de venta, la logística comienza meses antes. Productores, técnicos y transportistas afinan tiempos para asegurar que millones de flores lleguen en su punto óptimo el 10 de mayo, el día más importante para el sector.

La industria, integrada por más de 10 mil productores —principalmente en el centro del país—, sostiene más de 200 mil empleos directos y hasta un millón de indirectos. En cada etapa, desde el corte hasta el armado del ramo, se activa una red económica que impacta comunidades rurales y urbanas.
Durante el recorrido, quedó claro que no se trata solo de flores, sino de una actividad agroindustrial altamente especializada que impulsa consumo, logística y comercio en un corto periodo. El Día de las Madres no solo es una tradición: es el momento que define la rentabilidad anual de miles de productores.
