La exposición “Cuando Dios fue mujer”, de la artista mexicana Begoña Bertrán, continuará su recorrido por la Ciudad de México con presentaciones en la Casa de Cultura San Rafael, durante septiembre, y en El Colegio de México, tentativamente del 23 de noviembre al 4 de diciembre de 2026.

En entrevista con Novus News MX, Bertrán adelantó que todavía no se define la fecha exacta de la primera exhibición, mientras que la estancia en El Colegio de México tendría una duración aproximada de dos semanas.

La muestra está integrada por siete retratos en óleo sobre lino de Perséfone, Freyja, Amaterasu, Diana, Sekhmet, Ashera y Tonantzin. Mediante estas figuras, la creadora aborda la violencia contra las mujeres presente en mitologías de distintas culturas, pero evita representarlas durante las agresiones.

Bertrán explicó que decidió pintar a las protagonistas cuando se defienden, se alejan del peligro o recuperan el control de su historia, pues no quería recurrir a imágenes morbosas ni reproducir la revictimización que cuestiona su obra.

“Ya hay tanta violencia en el mundo que sería horrible hacer una pintura de una mujer siendo golpeada o abusada. Parte de esto era mostrarlas en esos momentos de fortaleza”, afirmó.

La artista señaló que la exposición comenzó como una serie de retratos con influencia barroca. Sin embargo, durante el proceso de investigación identificó una constante: las narraciones sobre divinidades femeninas contenían agresiones, raptos, castigos y silenciamientos, sin importar su lugar de origen.

“Puede ser Japón, Sumeria o Egipto y, aun así, esas historias siguen siendo muy vigentes. Las mitologías fueron hechas por personas y son un espejo de la sociedad desde entonces”, indicó.

Una exposición detonada por los feminicidios

El proyecto surgió durante el confinamiento de 2020, después de que varios feminicidios impactaran a Bertrán. La artista explicó que, además de la violencia de los casos, le sorprendieron las opiniones difundidas en redes sociales que responsabilizaban a las víctimas.

Al conversar sobre el tema con su abuela, recibió una respuesta que posteriormente influyó en el título y concepto de la muestra: “Aunque Dios fuera mujer, estaríamos en las mismas”.

Bertrán interpretó la frase como una referencia a la tendencia social de culpar a las mujeres por las agresiones que sufren. A esta experiencia se sumaron las lecturas de “Cuando Dios fue mujer”, de Merlin Stone, y “Las diosas de cada mujer”, de Jean Shinoda Bolen.

A partir de esa investigación, la creadora planteó una pregunta para articular las siete obras: ¿qué ocurre cuando lo divino adquiere un rostro femenino?

La respuesta, expuso, muestra que las diosas enfrentaron experiencias similares a las de muchas mujeres actuales. Por ello, la exposición busca abrir una discusión sobre lo que las sociedades han hecho —o dejado de hacer— para frenar esas violencias.

De la herida a la transformación

Cada cuadro presenta una escena vinculada con la capacidad de decisión de sus protagonistas. Amaterasu aparece cuando opta por alejarse después de ser agredida por su hermano; Perséfone recupera su lugar como reina del inframundo, mientras Diana es retratada tras defenderse de Orión.

La obra dedicada a Diana también es un autorretrato de Bertrán. La artista explicó que se identifica con esa divinidad desde su infancia, cuando encontró en la mitología una alternativa a los modelos de comportamiento femenino impuestos durante su educación religiosa.

En la primaria, recordó, las alumnas recibían indicaciones para mantener impecables sus uñas, zapatos y piernas. También se les hablaba sobre el matrimonio cuando algunas tenían entre 8 y 10 años.

“Yo no quiero ser una persona perfecta. Simplemente quiero ser una persona”, sostuvo Bertrán al recordar los estándares con los que eran comparadas las estudiantes.

La imagen de Diana corriendo descalza por el bosque representó para ella una idea de libertad que contrastaba con aquellas exigencias.

Bertrán precisó que la exposición tampoco pretende presentar a las masculinidades como enemigas. Su cuestionamiento se dirige a las estructuras sociales que permiten las agresiones, pero también reconoce a los hombres que acompañan, protegen y comparten espacios de poder.

Después de exhibirse en el Museo de Arte de Querétaro y en el Museo de la Mujer de la Ciudad de México, la muestra llegará a sus próximas sedes con el propósito de que más espectadoras reconozcan en estas diosas una genealogía de resistencia.

La artista las define como “ancestras” de la lucha feminista: figuras que pueden ofrecer identificación y consuelo porque, consideró, sus historias nunca trataron únicamente sobre divinidades, sino sobre mujeres.

Por Angélica Delgado Parra

Periodista especializada en economía, negocios y finanzas. Es fundadora y directora de Novus News MX. Ha colaborado en la Cámara de Diputados y en diversos medios de comunicación, como Periódico Capital de México, Revista Cambio, Rumbo de México, Negocios 360, El Constituyente, así como en las agencias Prowell Media y NotiPress.

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