La reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la detención del presidente Nicolás Maduro, reactivó las alertas geopolíticas en América Latina y abrió un nuevo frente de tensión diplomática, particularmente para México. Aunque el presidente Donald Trump negó que la operación militar fuera un mensaje directo al gobierno de Claudia Sheinbaum, su discurso dejó entrever una postura más dura hacia la región.
En entrevista con Fox News, Trump fue cuestionado sobre si la acción en Venezuela representaba una advertencia para México ante la presencia de cárteles del narcotráfico. “No era la intención. Somos muy amigos de ella, es una buena mujer. Pero los cárteles gobiernan México, ella no”, afirmó. El mandatario estadounidense recordó que ha ofrecido en múltiples ocasiones apoyo militar para desmantelar a los grupos criminales, propuestas que —dijo— han sido rechazadas por el gobierno mexicano.
La operación en Venezuela se produjo luego de que Washington designara en noviembre pasado al denominado “Cártel de los Soles” como organización terrorista, señalando directamente a Maduro por presuntos vínculos con el narcotráfico y cargos de narcoterrorismo en cortes estadounidenses. Analistas consideran que esta secuencia refuerza una estrategia de seguridad extraterritorial con implicaciones regionales.
Desde México, la respuesta fue inmediata. La Secretaría de Relaciones Exteriores condenó enérgicamente las acciones militares unilaterales de Estados Unidos, al considerar que violan la Carta de la ONU y ponen en riesgo la estabilidad de América Latina y el Caribe, región que México reconoce como “zona de paz”.
Aunque funcionarios de la Administración Trump han reconocido avances recientes de México en arrestos y decomisos récord de fentanilo, el episodio venezolano reabre el debate sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para enfrentar al crimen organizado y qué papel jugará México en ese nuevo tablero geopolítico.

