Graciela Domínguez Nava fue elegida gobernadora interina de Sinaloa por el Congreso estatal tras la nueva licencia por tiempo indefinido de Rubén Rocha Moya, en una decisión que no sólo busca cerrar una crisis de gobernabilidad, sino que también podría modificar la sucesión política de Morena rumbo a 2027.
El punto más relevante está en su futuro electoral. Domínguez, de 50 años, había solicitado licencia como diputada federal para participar en el proceso interno de Morena por la candidatura al Gobierno de Sinaloa. Sin embargo, el artículo 116 de la Constitución federal establece que un gobernador interino o provisional que supla al mandatario durante los dos últimos años del periodo no puede ser electo para el periodo inmediato.
De mantenerse al frente del Ejecutivo hasta el cierre del sexenio, su nombramiento podría dejarla fuera de la contienda por la gubernatura constitucional de Sinaloa en 2027, una elección en la que ya aparecía como una de las figuras de Morena.
Domínguez llega al cargo después de una nueva salida de Rocha Moya y de horas de negociaciones internas en el Congreso. La exsecretaria de Educación de Sinaloa formó parte del gabinete de Rocha entre 2021 y 2024, pero su trayectoria política es anterior: militó en el PRD, fue diputada local, coordinó la bancada de Morena y presidió la Junta de Coordinación Política y la Comisión de Fiscalización.
En 2024 ganó la diputación federal por el Distrito 1 de Sinaloa, con cabecera en Mazatlán, con 71.24% de los votos.
Su llegada también ocurre bajo presión desde Palacio Nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum había pedido que la persona elegida para el interinato fuera honesta, capaz y comprometida con la población, y planteó que permaneciera hasta la conclusión del periodo constitucional.
El sexenio para el que fue electo Rocha comprende del 1 de noviembre de 2021 al 31 de octubre de 2027. Así, Domínguez no sólo recibe un gobierno en crisis: también asume un cargo que puede redefinir su propio futuro político y la sucesión de Morena en Sinaloa.

