Vuelan gratis y pagan lo mínimo por embarcar: Oxfam México alerta por privilegios al transporte de lujo

Mientras millones de mexicanos enfrentan olas de calor, sequías e inundaciones cada vez más severas, una élite económica continúa viajando en jets privados, navegando en megayates y utilizando vehículos de lujo con costos ambientales desproporcionados… pagando, además, tarifas mínimas por usar infraestructura pública financiada por todos los contribuyentes.

Así lo advirtió Oxfam México en su nuevo informe “Que el lujo pague su boleto. Impuestos al transporte VIP”, donde calcula que México podría recaudar entre 30 mil 497 millones y hasta 234 mil 774 millones de pesos anuales mediante nuevos impuestos dirigidos exclusivamente al transporte de lujo y a los sectores de mayores ingresos.

El estudio coloca sobre la mesa un debate que comienza a crecer en la agenda económica y climática internacional: gravar el llamado “lujo sucio”, es decir, los patrones de consumo altamente contaminantes asociados a las grandes fortunas.

Los datos reflejan la magnitud de la desigualdad climática en México. Según el reporte, el 1% más rico del país genera el 23% de las emisiones contaminantes nacionales, mientras que el 0.1% más adinerado —unas 130 mil personas— contamina seis veces más que los 13 millones de mexicanos más pobres.

“La aristocracia del carbono acelera el deterioro ambiental mediante un estilo de vida de consumo suntuario”, señaló Diego Merla.

México posee actualmente una de las flotas de transporte privado más grandes del mundo. El país cuenta con 1,841 aviones privados registrados, cifra que lo coloca compitiendo con Brasil como la segunda nación con más aeronaves privadas a nivel global. Además, circulan cerca de 1,796 megayates y casi medio millón de vehículos deportivos y SUV de lujo en territorio nacional.

El impacto ambiental es significativo. Un jet privado puede contaminar entre cinco y 14 veces más por pasajero que un vuelo comercial y hasta 50 veces más que un tren. En el caso de los megayates, las emisiones pueden alcanzar las 7,020 toneladas de CO2 anuales, equivalente a 1,400 veces la huella de carbono promedio mundial por persona.

Pese a ello, Oxfam México denunció que las tarifas e impuestos que pagan estos sectores son mínimos. Registrar una embarcación de lujo cuesta apenas 17,600 pesos y en algunos puertos turísticos se cobran alrededor de 20 pesos diarios por pie de eslora, una cuota hasta 240 veces más barata que en mercados como Italia o Estados Unidos.

La organización sostiene que la falta de regulación fiscal representa una oportunidad perdida para financiar infraestructura verde, movilidad eléctrica y programas de transición energética sin afectar a las clases medias y bajas.

El debate ya comenzó a tomar fuerza a nivel internacional. Durante la COP30, países como Francia, Kenia y Barbados impulsaron impuestos globales a jets privados y combustibles marítimos. Canadá, por ejemplo, logró recaudar 135 millones de dólares canadienses en el primer año de su impuesto al lujo.

Para Alexandra Haas, la discusión no se limita únicamente al cambio climático, sino al modelo económico y fiscal que México busca construir frente a una creciente desigualdad ambiental y patrimonial.

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