El sismo registrado la mañana de este 2 de enero de 2026, con epicentro en San Marcos, Guerrero, y perceptible en distintas entidades del país, volvió a poner sobre la mesa un problema estructural en México: el bajo nivel de aseguramiento frente a riesgos sísmicos, especialmente en las zonas con mayor exposición.
Tras el movimiento telúrico, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) informó que las aseguradoras iniciaron procesos de validación para identificar posibles daños en áreas aseguradas y, de ser necesario, activar la asignación de ajustadores, siempre priorizando los protocolos de seguridad establecidos por las autoridades locales y federales.
De acuerdo con cifras del sector, uno de los siniestros más comunes tras un sismo son los daños a vehículos por caída de árboles, postes o semáforos, así como afectaciones a viviendas por cristales rotos, riesgos que suelen estar cubiertos en pólizas de autos y seguros de casa habitación.
Sin embargo, los niveles de protección siguen siendo limitados. Datos de la AMIS indican que en Guerrero solo el 11.9% de las viviendas cuenta con algún tipo de seguro, mientras que en la Ciudad de México la cifra es de 16.8% y en Morelos de 22.9%, todos por debajo del promedio nacional de 26.5%, equivalente a 9.3 millones de hogares asegurados.

