México destina alrededor de 5.5% de su Producto Interno Bruto a enfrentar las consecuencias del sobrepeso y la obesidad, pero el costo económico no es el único pendiente. La forma en que medios, instituciones y sociedad representan a quienes viven con esta enfermedad todavía reproduce estereotipos que pueden afectar su dignidad, autoestima y acceso a la atención.
En ese contexto, durante el Congreso Internacional sobre Obesidad 2026, realizado del 15 al 17 de julio en el World Trade Center de la Ciudad de México, fue presentada Sin Estigmas, una galería fotográfica digital que busca modificar la conversación alrededor de una enfermedad que afecta a tres de cada cuatro adultos en el país.
La exposición, disponible inicialmente en el sitio de Obesidades, reúne imágenes de personas en actividades familiares, sociales y cotidianas. Su propósito es alejarse de las fotografías utilizadas habitualmente para ilustrar la obesidad: cuerpos sin rostro, personas aisladas, imágenes de comida rápida o escenas que asocian automáticamente el peso con tristeza, descuido o derrota.
La propuesta fue presentada durante la conferencia Así se ve vivir, en la que especialistas, participantes y creadores coincidieron en que el lenguaje visual también puede reforzar la discriminación.
El costo de la obesidad supera los 240 mil millones de pesos
La obesidad representa uno de los principales desafíos económicos y sanitarios para México. El costo directo e indirecto acumulado de atender sus consecuencias supera los 240,000 millones de pesos anuales, de acuerdo con las cifras compartidas durante el encuentro.
Del equivalente a 5.5% del PIB destinado a combatir el sobrepeso y la obesidad, aproximadamente 2.9% corresponde al gasto gubernamental y 2.6% al desembolso privado realizado por las familias.
Estos recursos incluyen atención médica, tratamientos, complicaciones asociadas y afectaciones indirectas. Sin embargo, la discusión no puede limitarse al costo financiero, debido a que detrás de las estadísticas existen personas que también enfrentan prejuicios en escuelas, espacios laborales, consultas médicas y entornos familiares.
La galería busca colocar esta dimensión humana en el centro de la conversación.
Fotografías sin rostros y cuerpos aislados refuerzan estereotipos
Alan Vázquez, fotógrafo y artista visual responsable del proyecto, explicó que una de las principales dificultades fue encontrar referencias que mostraran a las personas con obesidad de manera cotidiana y respetuosa.
“Para representar lo que queríamos contar te encuentras con imágenes horribles, que le quitan cualquier signo de humanidad a la persona”, señaló.
El enfoque de la serie fue presentar a sus protagonistas sin convertir su cuerpo o su enfermedad en el único elemento de la imagen. Las fotografías muestran vínculos familiares, actividades recreativas y momentos sociales para recordar que la obesidad no define la totalidad de una persona.
Vázquez explicó que los comentarios inadecuados, incluso aquellos expresados sin intención de causar daño, fueron uno de los motores para desarrollar la galería.
Obesidad pide cambiar el lenguaje utilizado por los medios
Verónica Vázquez, presidenta de Obesidades SC, señaló que la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica y multifactorial, no como una consecuencia exclusiva de la falta de voluntad individual.
La especialista pidió a medios de comunicación, docentes y profesionales de la salud evitar imágenes que presenten a las personas con obesidad como derrotadas, tristes o responsables absolutas de su condición.
“Si van a representar gente con obesidad, no las muestren como gente triste y derrotada”, expresó durante el encuentro.
También planteó la necesidad de ser precisos al comunicar información relacionada con sus causas, diagnóstico y tratamiento, debido a que una representación simplificada puede reforzar ideas negativas y ocultar los múltiples factores que intervienen en el desarrollo de la enfermedad.
Este cambio resulta especialmente relevante en internet, donde fotografías de archivo y titulares pueden permanecer durante años en buscadores y redes sociales, moldeando la percepción pública mucho después de su publicación original.
“La persona vive con obesidad, no es obesa”
Xóchitl Hernández, participante de la galería, destacó la importancia de utilizar un lenguaje que coloque primero a la persona.
“La persona vive con obesidad, no es obesa. Su enfermedad no la define”, afirmó.
Hernández relató que comprender su condición como una enfermedad modificó la percepción que tenía sobre sí misma. El proceso, explicó, le permitió recuperar su autoestima, reconocer su valor y dejar de limitar sus actividades por miedo a las opiniones ajenas.
La participante aseguró que actualmente puede asistir a nadar y usar traje de baño sin sentir que debe ocultarse para evitar incomodar a otras personas.
Sin Estigmas no pretende minimizar los riesgos médicos relacionados con la obesidad. Su propuesta consiste en separar la atención de la enfermedad de la discriminación hacia quienes viven con ella.
En un país donde millones de personas enfrentan esta condición y su atención consume recursos públicos y familiares, la exposición plantea que el cambio también debe comenzar en las palabras y las imágenes. Hablar de obesidad con evidencia no está reñido con reconocer la dignidad de cada persona.
