La crisis de vivienda ya no es solo un tema económico, sino un problema social de gran escala. Así lo planteó Fernanda Lonardoni, representante de ONU-Hábitat en México, Cuba y Centroamérica, al advertir que el acceso a una vivienda digna sigue siendo uno de los principales pendientes tanto a nivel global como en el país.
Durante el foro “Los nuevos retos de la vivienda”, organizado por Novoceramic, Lonardoni puso sobre la mesa una idea clave: la vivienda no solo es un techo, es el punto de partida para construir bienestar, seguridad y oportunidades. En ese sentido, insistió en que el desafío requiere soluciones de fondo y trabajo conjunto entre sector público y privado.
Desde la industria, Alfredo Martínez Alonso, presidente de Novoceramic, reconoció que México enfrenta una paradoja: necesita construir más viviendas, pero también hacerlas mejor. Durante años, explicó, el enfoque estuvo en reducir el rezago con volumen, pero hoy la discusión gira en torno a la calidad y a garantizar condiciones dignas.
Por su parte, Circe Díaz Duarte, directora general de Política de Vivienda de la Sedatu, destacó que el sector ya está teniendo efectos en la economía. Señaló que el PIB nacional creció 1.8% anual en el último trimestre, mientras que la construcción avanzó 4.3%, impulsada por la política de vivienda. Además, el registro de nuevas viviendas alcanzó 310,518 en 2025, un aumento de 74% frente al año anterior.
Sin embargo, las cifras también evidencian la magnitud del reto. A nivel global, más de 2,800 millones de personas viven con carencias habitacionales, y en México el déficit alcanza los 8 millones de viviendas.
Más allá de construir más, coincidieron los especialistas, el verdadero reto es hacerlo bien, definir dónde, cómo y para quién se construye. Porque al final, la vivienda no solo responde a una necesidad básica, sino que impacta directamente en la calidad de vida de millones de personas.
